Publicado en el anuario de 1996
ENTRENADOR
Persona que se gana la vida con el sudor de los demás

El entrenamiento deportivo es un proceso pedagógico que busca el máximo desarrollo de las posibilidades físicas, psicológicas y técnico-tácticas de los deportistas. Para el logro de buenos resultados se requiere de trabajo continuo durante mucho tiempo. Los primeros pasos en este duro camino se dan en la infancia y los mejores frutos se recogen solo después de varios años de práctica permanente. Muchas personas tratan de incursionar en este sendero y muchos de ellos desisten en el intento. Pero, existen algunos pocos que por alguna razón (a veces indefinida) deciden insistir por sobre todas las dificultades y van más allá , demostrando que el límite y el poder están en uno mismo.
La natación es un deporte muy exigente. Su entrenamiento requiere esfuerzo diario, autodisciplina y algo de sacrificio. Es por eso que el éxito en esta modalidad es tan difícil de alcanzar y por lo tanto, el triunfo es tan satisfactorio. Resulta imposible para el escritor, poeta o periodista describir con palabras la agradable sensación de sentirse agotado después de una dura sesión de entrenamiento e igualmente reflejar con letras la emoción que experimenta el deportista al subir al podio a recibir una medalla. Cabe aclarar que el verdadero triunfo no está en subir a ese podio, ni en posar para la foto de rigor, ni en recibir el aplauso del público; el verdadero triunfo está en uno mismo, en el saber que «yo soy capaz, yo puedo más, yo soy mejor». El verdadero triunfo es aquel que se aleja de la vanidad y nos acerca a un mejor conocimiento de nosotros mismos.
Por una de esas gratas coincidencias de la vida, me encontré hace dos años con un grupo de muchachos que aceptaron el reto del deporte y obedeciendo el llamado de esa indefinible voz interior que nos lleva a la acción, acuden día a día, con sol, o con lluvia, generalmente cansados y casi siempre soñolientos para soportar duras jornadas de entrenamiento. Los veo cargando siempre un maletín que contiene el libro de historia, el cuaderno de matemáticas, la corbata del uniforme, las gafas, el gorro y la toalla, además de algunas ilusiones y muchos sueños. Estos muchachos encuentran todos los días a la misma piscina de quince brazadas de largo por un salto de ancho, realizan cientos de recorridos durante dos horas, escuchando únicamente en ese aislamiento acuático, una voz que grita: -«¡dale, dale!, ¡corrige!, ¡tú puedes más! Una voz de alguien que nunca compite y que rara vez entra al agua. Esos nadadores, luego de finalizar con esa «amena sesión» se van a continuar «normalmente» con su día académico.
Al observar todo este complique voluntariamente elegido, no me cabe la menor duda que estos muchachos que se preparan a diario para la natación, aprenden a convivir con el dulce sabor del triunfo y a interpretar el amargo sabor de la derrota, se están preparando para la vida, y si son buenos en lo uno, lo serán también en lo otro.
A esos «loquitos» que han decidido vivenciar el entrenamiento deportivo en una de las modalidades más complejas y que con su tenacidad dan verdaderas lecciones de vida, no puedo hacer menos que manifestarles mis felicitaciones, mi agradecimiento y mi respeto por todo lo que he aprendido gracias a ellos.
Stevens Ruiz Pérez-Entrenador

