El deporte posee características que lo convierten en una positiva vía para propagar ideas y por lo tanto en un importante medio de comunicación. Quienes hemos estado vinculados al deporte conocemos su alto valor formativo. En el marco del deporte se aprende a seguir las reglas, a respetar al rival (que no es un enemigo), a priorizar el objetivo colectivo sobre el individual y a aceptar las sanciones por infracciones; todas estas son características, que bien orientadas, se pueden extrapolar para la convivencia y la formación de ciudadanías. El carácter emocional de la práctica del deporte genera una recepción rápida y positiva en todos los segmentos poblaciones, principalmente en niños y jóvenes. Es importante también la relevancia del deporte para la inclusión social de personas pertenecientes a sectores poblacionales vulnerables contribuyendo a mitigar el impacto negativo del racismo, machismo y toda forma de discriminación. Se destaca igualmente el alto valor pedagógico del deporte en el contexto escolar como medio de desarrollo integral de los alumnos (Fraile, 2004). En este marco, las escuelas y los clubes deportivos, como subsistemas sociales, juegan un rol muy importante en los comportamientos grupales influyendo directamente en la consolidación de la identidad individual y generando un valioso aporte a la conformación de tejido social.
El deporte para consolidar y fortalecer un proyecto de vida
Para la construcción de paz se requiere garantizar el bienestar de los individuos y las comunidades como medida para prevenir la gestación y/o la reanudación del conflicto armado. Es así como en diferentes contextos el deporte hace parte del conjunto de estrategias mediante las cuales se generan opciones para niños y jóvenes que están expuestos de manera permanente a las ofertas de la calle, especialmente en contextos violentos y de alta problemática social. Se considera aquí el deporte como un medio y no como un fin, para atraer a los participantes (y extensivamente a sus padres) hacia programas de educación y salud; de lucha contra el VIH, el embarazo adolescente, el reclutamiento por parte de grupos armados, el pandillismo, el consumo de licor y sustancias psicoactivas, entre muchas otras. Existe un número importante de entidades de carácter nacional, internacional y supranacional que desarrollan este tipo de iniciativas en las cuales ha sido probada la efectividad del deporte con dicha orientación, en los diferentes entornos en los que ha hecho parte de programas de carácter social.
El deporte en el marco de la diplomacia internacional o regional
Aquí tienes el texto correctamente unificado, respetando los párrafos y eliminando los saltos de línea innecesarios:
En el marco de la política internacional el deporte se ha empleado como un recurso para fomentar relaciones y generar acercamientos entre comunidades o países en estado de tensión con el objetivo de minimizar la posibilidad de confrontaciones directas. Este es el caso del reciente encuentro de béisbol entre los Rays de Tampa y la Selección Nacional de Cuba en el marco de los acercamientos políticos entre Washington y La Habana, durante el gobierno de Barack Obama, que buscaba generar un ambiente propicio al interior de ambos países como paso previo a los acuerdos programados.
De igual manera, se pueden referenciar los recientes acercamientos políticos entre Corea del Norte y Corea del Sur, que incluyeron en la agenda de conversación el tema de la participación conjunta en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang[2], enviando un mensaje al exterior y al interior de sus países que ha generado todo tipo de interpretaciones.
Para nuestro caso, esta situación evidencia la premisa de que el Olimpismo sigue siendo un idioma universal y un medio para el entendimiento de los pueblos.
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) referencia que en la actualidad brinda asistencia y protección a más de 46 millones de personas refugiadas, apátridas, retornadas y desplazadas internas. Este panorama nos pone en el contexto de los campamentos de refugiados, que se consideran como una medida temporal de respuesta al desplazamiento forzado, pero que en la práctica se convierten en sitios permanentes de residencia. La mayor parte de los campamentos se encuentran en Asia y África, ya que son estos los continentes que generan el mayor número de refugiados en el mundo.
Como parte de la estrategia de normalización de la vida, se consideran actividades de carácter artístico y deportivo para la conformación de un entorno propicio para el desarrollo de la población infantil y juvenil; como también para catalizar los conflictos entre grupos étnicos de las diferentes comunidades residentes.
En Colombia[3] la acción de la ACNUR es bastante importante debido a la triste realidad del desplazamiento forzado causado por el conflicto armado. Se destaca, entre varias, la iniciativa de “Vení y Jugá”, implementada en cooperación con AJODENIU y el Comité Olímpico Internacional en Quibdó y Buenaventura, en donde niños, niñas y jóvenes de la población con alto nivel de vulnerabilidad, la mayoría de ellos desplazados, participan en actividades deportivas como estrategia para afianzar intereses y proyectar sus vidas hacia otros escenarios libres de la violencia de la cual huyeron.
El deporte para catalizar los estados de tensión en escenarios de posible confrontación
El deporte para la reincorporación de jóvenes excombatientes a sus comunidades
Los conflictos armados de carácter interno generalmente implican el reclutamiento de niños y jóvenes quienes son incorporados a las filas por medio de la fuerza, con engaños o como única opción de supervivencia del momento. La reincorporación de jóvenes excombatientes a sus comunidades es un proceso difícil y en muchas ocasiones, poco exitoso. Sobre las personas que retornan pesa un estigma que genera barreras en las relaciones sociales con los demás miembros de la comunidad, quienes como norma se alegran de su retorno, pero evitan el contacto directo. Es aquí en donde el deporte sirve como medio para reconstruir relaciones sociales entre los miembros de la comunidad y los excombatientes que retornan. Casos puntuales de referencia tenemos en la reincorporación de jóvenes a sus comunidades luego de conflictos internos armados en Uganda (1981-1986) y Sierra Leona (1991-2001). Los procesos en estos casos fueron orientados hacia la construcción de confianza, promocionar el trabajo en equipo y la reactivación del espíritu de alegría, perdido durante el tiempo de pertenencia al grupo armado. De igual manera se enfatizó en que se disminuyera la actitud preventiva de los miembros de la comunidad con relación a los jóvenes que retornaron del conflicto, muchos de ellos con evidencias visuales (cicatrices, amputaciones, heridas) que los marcaban como excombatientes. En ambos casos los participantes de los programas (tanto de la comunidad como los excombatientes) manifestaron que el deporte fue uno de los factores principales que ayudó a la aceptación de los reincorporados a la comunidad (Ravissa, 2012).
El deporte como herramienta de reconciliación luego del fin del conflicto armado
Los proyectos basados en deporte y desarrollados con miembros de grupos enfrentados anteriormente (excombatientes) trabajando conjuntamente, han evidenciado que la posibilidad de compartir experiencias positivas alrededor de un objetivo común genera un reconocimiento de esa otra persona que subyace bajo el rótulo de “el enemigo”. A partir de esta consideración, se han desarrollado proyectos en diferentes escenarios del mundo como forma de consolidar una mirada común de futuro luego de guerras civiles o confrontaciones armadas internas. Finlandia fue el primer país que implementó el deporte con objetivo político, luego de la cruenta guerra civil que sucedió a su declaratoria de independencia del Imperio Ruso en 1917 y que la condujo no sólo a consolidar una idea de país, sino que como efecto colateral la convirtió en potencia deportiva en ese momento (Ruiz, 2015). Se referencian en este panorama los casos de Ruanda (1994) y Suráfrica (1995) en los cuales se implementaron proyectos de similar orientación.
Para finalizar, es importante reflexionar acerca del hecho que el deporte no es una “solución mágica” que pueda ser implementada indiscriminadamente en los diferentes contextos. No existen fórmulas genéricas que puedan ser reproducidas sistemáticamente para casos diferentes. Es importante tener en cuenta que una implementación errónea de un proceso deportivo, en lugar de catalizar las tensiones, puede conducir a exacerbarlas y desembocar en situaciones violentas. Para evitar esta posibilidad se hace indispensable estudiar juiciosamente los aspectos conceptuales y metodológicos que garanticen los resultados proyectados en los diferentes programas y proyectos.
Son múltiples las organizaciones del deporte nacional y de la sociedad civil que vienen realizando importantes aportes en diferentes regiones del país, pero aún hay mucho por hacer y ese es precisamente el reto y la oportunidad: la consideración de la construcción (a través del deporte) de una mejor sociedad para el futuro, más allá del marco del posconflicto y la reconciliación.
REFERENCIAS
Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados-ACNUR. Disponible en: http://www.acnur.org/noticias/noticia/veni-juga-una-oportunidad-para-los-ninos-y-ninas-de-villa-espana-en-colombia/. Consultado el 20 de enero de 2017.
Grupo de Memoria Histórica-GMH (2013). ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional.
Naciones Unidas (2005). Deporte para el Desarrollo y la Paz. Hacia el Cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Madrid. Del original en inglés “Sport for Development and Peace: Towards Achieving the Millennium Development Goals” (2003).
FRAILE, Antonio (Coordinador), et al. (2004). El deporte escolar en el siglo XXI: análisis y debate desde una perspectiva europea. Barcelona: GRAO. Primera edición.
LEITNER, Michael J., GALILY, Yair y SHIMON, Pini. (2012). “The Effects of Peres Center for Peace Sports Programs on the Attitudes of Arab and Jewish Israeli Youth”. Leadership and Policy Quarterly, 1(2), 109-121. California State University, Zinman College at the Wingate Institute, Israel. Ed: Untested Ideas Research Center.
LIEBMANN, S. and ROOKWOOD, J. (2007). “Football for Peace? Bringing Jews and Arabs together in Northern Israel”. Journal of Qualitative Research in Sports Studies, 1(1), 11-18.
RAVISSA, David (2012). “We Don’t Play War Anymore. Sport and the Reintegration of Former Child Soldiers in Northern Uganda”. En: Sport, Peace and Development, Chapter 5, pp. 61-71. Keith Gilbert and Will Bennet. Champaign-Illinois: Common Ground Publishing.
RUIZ, S. (2015). “El deporte como herramienta para la reconciliación y la unidad nacional”. El Espectador. Bogotá, mayo 3 de 2015. Disponible en edición digital: http://www.elespectador.com/deportes/otrosdeportes/el-deporte-herramienta-reconciliacion-y-unidad-nacional-articulo-558351.
RUIZ, S. (2014). “El rugby cambió el blanco y negro por el arco iris en Suráfrica”. En: D. QUITIÀN (Redactor), Fútbol, identidades y nacionalismos. Ed. Kinesis. Armenia-Colombia, 2014.
RUIZ, S. (2014). “El voleibol sentado, una herramienta para la reconciliación en Ruanda”. Revista Olímpica, Comité Olímpico Colombiano, Número 36, mayo-junio 2014.
SALGADO, F. (2011). “Práctica deportiva y conflicto armado. Lecciones y desafíos para la sociedad colombiana en el posible escenario de posconflicto”.
[1] Se hace referencia a la definición de deporte adoptada por las Naciones Unidas (2003), que considera al deporte como “todas las formas de actividad física que contribuyen al buen estado físico, al bienestar mental y a la interacción social. Entre estas formas de actividad física se incluye: el juego, la recreación, el deporte organizado, informal o de competición, y los deportes o juegos autóctonos.”
[2] Los equipos olímpicos de las dos Coreas desfilaron juntos en los Juegos Olímpicos de Verano en Sídney 2000, Atenas 2004 y en los Juegos de Invierno de Turín 2006. De igual manera, presentaron una delegación conjunta en el Campeonato del Mundo de tenis de mesa en 1991 y el mundial juvenil de fútbol del mismo año.
[3] Según la ACNUR, en Colombia hay un registro de 7,3 millones de personas desplazadas producto del conflicto armado, entre ellos 340.000 refugiados colombianos en el extranjero. La mayoría ha encontrado protección en Ecuador, Venezuela, Panamá y Costa Rica.



